La desigualdad en la educación refuerza los agravios y la injusticia
La desigualdad en la educación refuerza los agravios y la injusticia Los dirigentes de los movimientos insurreccionales y las milicias armadas toman las armas por motivos políticos e ideológicos.
En cambio, sus seguidores y partidarios están motivados a menudo por vivencias más directas de la injusticia social y económica (Stewart y otros, 2007).
La gente puede optar por la violencia o apoyarla, si tienen la convicción de que las políticas y medidas injustas del gobierno están reduciendo sus oportunidades vitales. Los modos de asignar el gasto público, de organizar la representación política, de distribuir las oportunidades de empleo en el sector público y de enfocar aspectos esenciales de la identidad, como el idioma, la condición étnica o la cultura, son factores que pueden inducir a la gente a hacer uso de la violencia. La impresión de que uno es víctima de injusticias en materia de educación puede ser una poderosa fuente de agravio.
Si los padres que consideran la educación como una vía para escapar de la pobreza y acceder al empleo, tienen la impresión de que a sus hijos se les niega la igualdad de oportunidades debido a su condición étnica, idioma, religión o lugar de domicilio, eso puede exacerbar los motivos de agravio de determinados grupos.
Cuando las limitaciones del acceso a la instrucción y la discriminación en el empleo son la causa de que se den altos niveles de pobreza y desempleo entre los jóvenes de ciertos grupos, se recrudecen las tensiones sociales susceptibles de desembocar en conflictos violentos. En Nepal, la pobreza y la marginación, en particular entre las castas marginadas y los grupos étnicos de las zonas rurales, fueron factores decisivos del estallido de una insurrección que ha durado más de un decenio.
El reclutamiento de escolares menores de edad fue muy considerable en las zonas donde la marginación socioeconómica o étnica era más evidente (Eck, 2010). Asimismo, en el Perú los rebeldes de Sendero Luminoso explotaron los altos índices de pobreza y desempleo de los jóvenes indígenas que habían recibido escasa instrucción escolar (Barakat y otros, 2008).


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